Llevo días reflexionando acerca de lo que allí hablamos. Tengo tantos pensamientos que contaros. Pero quería empezar por esto, por el descanso que necesitamos y que nos debemos. Según los testimonios de algunas de las asistentes, sus parejas si parecen poder tomarse esos minutos, o el tiempo necesario, para desconectar, descansar, y dedicarse a sus pensamientos, hobbies o similar.
Pero el sentimiento generalizado es que nosotras, las madres, teníamos mucho menos tiempo disponible para desconectar, nos costaba mucho más y lo peor de todo, en ocasiones hasta el fantasma de la culpa rondaba por ahí.
Una de las conclusiones que yo saqué de este encuentro es que estamos en un momento de Revolución, o como me gusta escribirlo, de R-evolución. Estamos reestructurando muchos conceptos, muchos hechos, y la figura de la mujer, como madre, como persona, como tantas cosas, está asumiendo una nueva posición. Esta generación de mujeres nos lo creemos, sabemos de nuestra valía, reivindicamos nuestro privilegio de elegir, queremos vivir la maternidad de un modo pleno, consciente, sincero. Pero todavía nos queda trabajo por hacer, todavía la culpa, cual muerte con su guadaña, nos acecha desde la sombra.
¿Cómo hacer para quitarnos esa culpa? Asumiendo verdades.
Sentimos culpa si nos ausentamos un rato y dejamos a nuestros hijos con su padre, con nuestra pareja. Error: aunque de un modo distinto al nuestro, él será capaz de atenderle, cuidarle y cubrir sus necesidades. Insisto, de un modo distinto al nuestro. En muchas ocasiones será más lento, el niño incluso llorará más. Pero si no brindamos la oportunidad de compartir esto con nuestro compañero, no sabrá nunca hacerlo y para nosotras será una carga mal asumida.
Sentimos culpa si nos imaginamos haciendo algún deporte, paseando sola y tranquila, leyendo un buen libro a solas, estudiando, quedando con una amiga. Error: cualquier actividad que nos enriquezca como persona, que nos permita liberar nuestra mente será también buena para nuestros hijos y nuestra familia. Nuestro estado de ánimo será proyectado hacia fuera. Si anímicamente y psicológicamente estamos saturadas y mal, eso será lo que proyectemos a los demás. Si por el contrario nos hemos permitido evadirnos de la rutina, del cansancio, y de tantas otras cosas, y nos hemos dado un pequeño tiempo para nosotras, eso hará que sonriamos que nos sintamos bien y eso precisamente proyectaremos al exterior.
Somos malas madres por no estar las 24 horas del día con nuestros pequeños, teniendo tiempo para hacerlo. Error: Aparte de madres somos humanas, la crianza 24x7 de uno o varios hijos es extenuante. Cubrir sus necesidades, no solo físicas, sino también emocionales, estimularles, jugar, educarles…. Es agotador. Y si a todo esto añadimos las otras labores diarias necesarias en cualquier familia el final del día se puede hacer muy cuesta arriba. Así que si aunque sea media hora cada día podemos delegar en nuestra pareja o en otra persona de nuestra familia, o amistades no estaremos haciendo nada indebido, muy al contrario, estaremos asegurándonos nuestro bienestar.
Con todo ello, lo que quiero reivindicar son dos cosas:
1.- Todas, sin excepción, necesitamos de nuestro tiempo fuera. Da igual lo que hagamos en ese rato. Como decía una mamá en el Grupo de Madres, bien vale meterse al baño a pensar en silencio un rato.
Pero si podemos, programemos alguna actividad aunque sea una vez en semana. Nos relajará, nos enriquecerá y nos permitirá liberar tensiones y descargar parte del peso diario que asumimos.
2.- La culpa es una sombra que nos ronda continuamente y que debemos desterrar definitivamente. Es una lacra que venimos arrastrando generación tras generación y ahora, en este momento de R-evolución, ha llegado la hora de dejarla atrás.






