lunes, 31 de octubre de 2011

¿Qué?

Esta es la pregunta que continuamente hace el Peque los últimos días. A cualquier cosa que le digo, cuando hablamos, cuando le llamo, ....., a todo él contesta ¿qué?.

Al principio, la semana pasada, lo hacía de cuando en cuando, y pensé que era una cuestión del tipo "no me interesa nada lo que me dices". Y como está ligeramente rebelde no le di importancia. Pero este fin de semana ha ido a más y es bastante evidente que no me escucha.

He hecho pruebas: hablarle con la mano tapándome la boca, hablarle por detrás de casa oído, chasquear los dedos, inventarme juegos para que me diga cuándo empieza a escuchar determinados ruidos. Y después de todo esto creo que escuchar escucha, pero no lo suficiente.

En verano nos pasó algo similar. De repente empezó a pedir a todo el mundo que hablara más alto, se enfadaba incluso. Hasta que una noche un oído empezó a dolerle. El médico diagnosticó otitis externa, caracterizada por pérdida leve de audición. Había pasado unas semanas previas con muchísimo moco y al final parece que le afectó al oído. Una vez que se corrigió esta otitis el niño volvió a escuchar bien.

Estos días pasados ha estado con un poco de catarro, pero muy leve, unos moquetes sin importancia y dos días (contados) con tos. Ha habido queja de dolor de oídos, pero solo una tarde y una noche, nada de fiebre, come bien, juega, corre y sigue con su actividad normal. Pero lo que venía siendo una sospecha ayer ya era una evidencia, el niño no escucha bien.

Pensé que quizá esta noche, al estar tumbado, empezaría a dolerle el oído, pero no, ha dormido (y sigue durmiendo) tranquilamente, sin quejas ni despertares.

Parece claro lo que sucede, pero no puedo evitar estar preocupada. Él nunca ha padecido de oído. Desde muy pequeñito ha ido a matronatación y nunca tuvo problemas. La primera otitis, sino recuerdo mal, la tuvo pasados los 2 años. Y después no ha sido una infección recurrente.

¿Vuestros hijos han padecido este tipo de otitis?, ¿han tenido problemas de audición?.

viernes, 28 de octubre de 2011

Dormir seguido,..., ¡es dormir!


Pues sí, dormir seguido, es dormir. Esto es como aquella canción que nos representó en Eurovisión hace ya unos cuantos años (qué mayor soy ;P), Bailar pegados, es bailar. Pues eso, que si uno tiene 3, 4, 5 despertares, por muchas horas que al final sume, ni se descansa, ni se duerme ni nada. Ellos, nuestros hijos sí, ya han podido pasar una noche de estas que las mamás calificamos de toledanas, que a la mañana siguiente se levantan lozanos y esplendorosos. Ayyyyy, ¡bendita juventud!.

Cuando mi hijo nació, como tantos otros, mamaba igual de noche que de día, ¿cuántas tomas?, no lo sé. ¿Cada cuánto tiempo?, no lo sé. Al principio, inculta yo en estos menesteres, andaba con el reloj porque todo el mundo preguntaba. Una hora, hora y media, dos, media hora..... Y como se pusieron muy pesados decidí quitarme el reloj y dejar el surtidor disponible. El niño gruñía un poco, a la teta, el niño se movía en la cuna, a la cama y a la teta. El caso es que por la noche tenía un hambre voraz. Y en los primeros meses esa alerta que tenemos gracias a las hormonas no me permitía dormirme mientras mi hijo comía. Le miraba embobada y absorta. Además yo tenía también mucha hambre y me pasaba la mitad de la noche comiendo. Me recuerdo reponiendo fuerzas a las tres de la mañana entre tetada y tetada, porque ya ni sueño tenía, solo hambre. Así que en esos primeros meses, 4, 5, 6 despertares, era de lo más común.

Se acercaba su primer año de vida y por supuesto los consejos llegaban por doquier. El niño ya tenía (por narices) que dormir del tirón, pero no era nuestro caso. De hecho, tras unas semanas de espejismo donde se despertó mucho menos vino el ciclón. Muchos despertares, mucha inquietud durmiendo, sudores, calor. Ya ni sé cada cuánto se despertaba. Yo ni me podía dormir pues me inquietaba verle tan nervioso. Ni que decir tiene que cuando tu hijo pasa por fases como esta a tus oídos solo llegan las historias de esos otros niños que duermen como ángeles de un tirón y que no dan ni pizquita de guerra a sus (descansados) padres, o al menos eso contaban.

Mi hijo no era de esos y yo tenía tantas dudas, no sabía qué hacer ni si aquello era normal. Resultó que sí, que era de lo más normal, mi hijo estaba bien, pero su patrón de sueño maduraba. Y curiosamente madura con muchas más alteraciones. Los meses pasaban, papá y yo teníamos unas ojeras que nos llegaban a la altura de las rodillas, mientras que nuestra pequeña fierecilla pasaba los días gastanto energía y las noches,...., también. ¿Cómo una criatura puede moverse tanto de día y de noche y encima ganar peso?.

A estas alturas podíamos llegar a dormir ... ¿3 horas seguidas?. No sé, la falta de descanso me nubla la memoria.

Cuando rondaban los dos años teníamos una de cal y otra de arena. Nunca una noche seguida, pero sí quizá con uno o dos despertares, solamente. Además a esta edad aparecieron los terrores nocturnos. Qué sustos me daba, sobre todo al principio. Yo ya había leído a Rosa Jové y sabía de qué iba la película. Pero sinceramente, una nunca se imagina que un terror nocturno pueda ser tan intenso. ¿Vosotros habéis visto a la niña del exorcista?. Pues eso: patadas a la pared, vueltas de un lado a otro, manotazos al aire, llanto, imposible consolarle, y os aseguro que todo esto sucede estando completamente dormido. Tras diez o quince minutos de desesperación paterna y materna se pasaba, se daba media vuelta y seguía durmiendo como si nada. El cuerpo que a una se le queda después de esto hacía difícil volver a conciliar el sueño. Con el tiempo nos dimos cuenta que esto era normal, nada preocupante e hicimos menos caso a estos episodios. Nos quedábamos cerca de él para evitar que se hiciera daño y cuando el numerito concluía nos íbamos a dormir. Afortunadamente esto pasaba durante unos días, una semana a lo sumo, y después nada de nada.

Y llegaron los tres años, ya dormía en su cuarto, visitaba (cada vez menos) nuestra cama cuando quería y un día se le ocurrió dormir ¡¡8 horas seguidas!!. ¿Y qué hizo mami?, pasarme la mitad de la noche paseando de mi cuarto al suyo porque estaba taaaaaaaaaan extrañada qué incluso temía que estuviera malito. ¡Qué cosas!.

A partir de ese momento las siete u ocho horas las dormía seguro. Había semanas inquietas, a veces con terrores, otras con sueños muy intensos. Mi hijo es muy dado a hablar en voz alta, y nos daba unos sustos de aupa.

Y empezó el cole, y con ello los horarios más rígidos, mayor cansancio y más madurez a todo nivel. Todavía había siestas pero las nueve o diez horas nocturnas ya eran un hecho. ¡Qué felicidad!.

Y ya con 4 años y sin siestas nos hemos situado en esas once maravillosas horas de sueño continuado.

Como veis no hemos hecho nada, solo dejarle crecer. Su sueño ha ido madurando, evolucionando a su ritmo. No se le han impuesto horarios, ni se le ha obligado a dormir así o asá. Todo ha sido natural y muy respetado. Y sí, lo hemos logrado. No tiene ningún merito, la naturaleza se encarga de todo, los padres aquí somos meros espectadores.

La madurez y el crecimiento traen el sueño continuado de los niños, eso sí no os garantizo cómo quedará vuestro patrón de sueño como padres. El mío al menos se ha ido al garete y ya no sé dormir ocho horas seguidas.

jueves, 27 de octubre de 2011

Un día cualquiera de otoño


Esta mañana al día le daba pereza arrancar, se abría paso pesadamente entre las nubes cargadas de agua que nos acompañaban. Pero a pesar de ir rezagado por fin amaneció y más que llover, jarreaba.

Mi hijo se desperezaba en la cama, tan contento, tan tranquilo después de casi 11 horas de sueño. Quien me iba a decir a mi que podría escribir esto, ¡¡11 horas de sueño seguidas!!. Cuando empecé a escribir este blog no sabía ni lo que eran 5 horas del tirón.

Empieza el ritual, su gata va a su cama, le ronronea, le da los buenos días y a mi hijo se le pasa todo, qué feliz le hace este animal. Se levanta de un salto, se pone sus zapatillas, la gata le sigue, mirándole con devoción. Él la besa, la habla, y ella, aún sin poder escucharle, le mira embobada, entendiéndole.

Ella es quien más me ayuda en estos despertares, consigue arrancarle una sonrisa y sacarle de la modorra matutina. Directo a la mesa, el desayuno espera. Ni se da cuenta de que llueve, ni le importa. Sus dibujos le aguardan, y desayuna en su compañía.

A vestirse, hay que elegir el calzado, y como la lluvia no amaina tocan las botas de agua, de Rayo McQueen, por supuesto. Se mira y se gusta, coqueto que es él.

Es la hora de irnos, botas, paraguas, capucha, todo en orden, ¡allá vamos!. El cielo de tan gris asusta, la lluvia es fuerte, pero a él no le importa. Paraguas en mano, se dirige hacia todos los charcos que ve, los pisa, salta, ríe. Son casi las 9 de la mañana, no tiene pereza, solo piensa en la diversión de la lluvia.

Llegamos al cole, los adultos se quejan, los niños disfrutan. Se enseñan sus paraguas de colores y diversas formas. Se muestran sus botas con sus personajes favoritos. Dejan que las gotas traicioneras del tejadillo del patio les mojen y se ríen a carcajadas.

Es un día de otoño cualquiera, los niños son felices.

martes, 25 de octubre de 2011

Fidelidad y decepción


Son dos conceptos que mi hijo está experimentando estos días. Si por algo se caracteriza el peque es por ser muy fiel. Cuando tiene un amigo, lo quiere, lo respeta, lo idolatra casi. Esta nueva temporada de cole me está dejando ver que su sensibilidad se extiende a este terreno también. A pesar de que es un poco elitista a la hora de escoger (no se va con cualquiera sino que elige con cuidado a sus compañeros de juego), una vez que declara su amistad lo lleva hasta las últimas consecuencias.

En la pandilla son unos cuantos, pero solo por dos o tres siente un afecto especial. Y por una en concreto siente verdadera devoción. Es su amiga desde el pasado curso, juegan juntos cada día, hablan de sus cosas, se cogen de la mano, se dan abrazos y se lo pasan bomba juntos. Son muy parecidos en carácter, gustos, y se llevan a las mil maravillas. La fidelidad de mi hijo hacia ella es indiscutible.

Pero a pesar de su corta edad, él empieza a exigir que esa fidelidad sea correspondida. Y estos días la decepción ha venido a formar parte de nuestra rutina. Su amiga le aprecia, le quiere, pero lleva algunos días no haciéndole tanto caso como de costumbre. Ayer sin ir más lejos pareciera querer hacerle de rabiar, y jugueteaba y hacía el tonto con otro amigo de la pandilla. A mi hijo se le llevaban los demonios, qué frustrado se sentía, hasta que rompió a llorar. Su querida amiga no le hacía caso y él,...., ¡¡quería estar con ella!!.

La situación era muy evidente, mi pequeño se sentía celoso, frustrado y muy muy triste.

Hoy parece que todo ha quedado olvidado y al dejarle ahora en el cole, después de comer, los he visto juntos, en la fila, jugando y riendo en compañía de un tercer amigo del que también son inseparables.

Me dio mucha lástima verle así ayer tarde, pero el desengaño forma parte de su desarrollo emocional, debe aprender a tolerarlo, a comprenderlo y a poner remedio. Hablábamos de camino a casa mientras él lloraba, yo intentaba hacerle comprender lo ocurrido, pero es complicado. Al final parece que lo entendió un poquito pero temo que esto es solo el principio.

¿Os suenan estos comportamientos?, sin duda la niñez es un entrenamiento para la vida adulta. Parecen novietes, ¿verdad?, pues sí, su relación es diferente y especial, tan pequeños y con los sentimientos tan claros.

Observar a los niños es maravilloso, detenéos a mirarles, a escucharles, a ver cómo se comportan, como afrontan las relaciones, los juegos, podréis ver cómo se van desarrollando y es un privilegio poder contemplarlo en primera fila. Yo al menos disfruto muchísimo.

lunes, 24 de octubre de 2011

¡¡Llega Halloween!!


Estamos a escasos días de celebrar Halloween, una festividad no muy española pero que poco a poco gana puntos, sobre todo entre los más pequeños. Disfraces, cabalazas, chuches,....., se abren paso. Una nueva oportunidad de disfrazarse, de celebrar, de acudir a fiestas y de pasar un buen rato.

Yo nunca he celebrado esta fiesta, y eso que en mis años mozos los bares, discotecas y lugares de encuentros hacían espectaculares y divertidas fiestas, pero yo no he sido nunca de disfraces.

El pasado año en el colegio no lo celebraron ni acudimos a ninguna fiesta. Pero este año todo ha cambiado. Los profesores han decidido celebrar una tarde especial de Halloween, orientada a los más pequeños, de 4 y 5 años. ¿Motivo?, es un buen momento para agarrar al toro por los cuernos,..., ¡¡el miedo!!. En estas edades comienzan a aparecer, si no lo han hecho ya, muchos temores: la oscuridad, los monstruos, los fantasmas, los demonios,...., tantas cosas. Su imaginación vuela, es imparable y pensamientos más elaborados inundan sus pequeñas cabecitas.

Todavía no distinguen bien lo que es real y lo que no. Y los dibujos animados, cuentos u otros estímulos no ayudan mucho. Es un buen momento para disfrazarse de fantasmillas o esqueletos, pintarse la cara para parecer terrorífico al tiempo que nos reímos, decorar la casa con calabazas y telas de araña, y disfrutar.

Asociar todo esto al juego, la diversión y el ocio supone superar unas cuántas barreras, comprender que lo que puede llegar a asustar al tiempo puede resultar divertido. Y todo por una única razón, porque los monstruos, fantasmas, demonios, y personajes de terror, ¡¡no existen!!. Qué mejor manera de hacer que nuestros hijos lo comprendan.

La Teacher del Peque ha decidido organizar la fiesta en el colegio, todos irán disfrazados y estoy segura de que lo pasarán en grande. Y el lunes, otra fiesta, esta vez fuera del colegio pero con la pandilla de clase. Papás, mamás y niños nos reuniremos, todos disfrazados por supuesto.

Ya tengo los disfraces, el Peque de esqueleto (por elección propia), Papá de demonio y Mamá de brujita. Vamos a ir guapísimos.

domingo, 16 de octubre de 2011

El síndrome del emperador

Viendo anoche un telediario cualquiera, en una televisión cualquiera, apareció una noticia que no abarcó un tiempo mayor a cuatro minutos. En cuatro minutos fueron capaces, seguro, de asustar a más de un padre y a más de una familia.

Una noticia mal planteada, indocumentada y alarmista sobre niños y conducta. De repente el presentador, con cara de "este drama es peor que las revueltas de Egipto", anuncia el reportaje, "los niños con el síndrome del emperador". ¡Madre mía!, pensé yo, serán niños que vivan a cuerpo de rey. Permitidme esta pequeña licencia, pero es que sino trato este tema con un poco de humor me voy a poner muy seria y casi va a ser peor. Por resumiros un poquito el lamentable reportaje os diré que salían dos pediatras claramente preocupados y circunspectos anunciando la necesidad, por parte de las familias, de instruir a nuestros hijos, de dejarles claros los límites, de no ceder a sus pretensiones, vamos que debemos aplicar disciplina militar con ellos pues son un verdadero peligro andante. Salían imágenes de criaturas en parques de edades entre dos y cuatro años. Los pobres emperadores......

¿El riesgo?, pues el final del reportaje, insisto, de duración inferior a cuatro minutos, dejaba claro que los casos de maltrato a padres iban en aumento. Y así acababa la noticia, regresando de nuevo a la cara descompuesta del presentador.

Vamos que cualquiera que viera esto debía echarse las manos a la cabeza y flagelarse por: querer a sus hijos sin condiciones, permitirles comer una chuche de vez en cuando, permitir que tengan una rabieta y se tiren al suelo, ...., y así podíamos seguir enumerando comportamientos que son absolutamente normales en niños pero que ahora parece que son un problema.

Prometo no exagerar, buscando un poquito acerca del horripilante "síndrome del emperador" me encuentro con esto. Aquí podéis ver el enlace completo, y copio algunos puntos que me parecen interesantes para comentar:

¿Cuáles son los indicadores para preocuparse o sospechar que tiene usted un 'hijo tirano'?

  • Se muestra muy caprichoso y monta grandes 'pataletas' (puede llegar incluso a autolesionarse).
  • Es un manipulador nato y siempre acaba consiguiendo lo que quiere.
  • Tiene muy poca tolerancia a la frustración.
  • No asume las consecuencias de sus actos. Todo lo malo que pasa es culpa de los demás. Por ejemplo, no pueden entender que uno les ha pisado sin querer; consideran que ha sido a propósito y por tanto hay que devolver el pisotón. Y si es él quien ha pisado a alguien, no es culpa suya, sino del otro por meter el pie debajo.
  • Les cuesta muchísimo seguir las normas, parece que no van con ellos. De hecho, habitualmente no las cumplen.
  • Se muestran agresivos con las personas que se interponen en su camino para conseguir lo que desean. Lo más habitual es que se muestren agresivos con sus padres, aunque a veces también con sus compañeros o profesores. Insultan, pegan puñetazos o patadas, escupen, rompen objetos...
  • Les cuesta mucho integrarse en un grupo de iguales. Suelen tener amigos de conveniencia nada más.
  • No muestran arrepentimiento o culpa. Es como si no aprendiesen de las consecuencias.

Si usted observa más de uno de estos rasgos en su hijo no dude en consultar con un especialista y pedir ayuda lo más pronto posible.

Algunas familias verán a sus hijos reflejados en varios de estos puntos, y se asustarán. Padres de niños de 2 ó 3 años: ¿Vuestro hijo no se frustra?, ¿A veces parece que no sienta culpa?, ¿no teme a las consecuencias?, ¿no reacciona a los castigos?. Tranquilos, no es un emperador, es un niño en plena fase de desarrollo. Un desarrollo normal.

Lo que no contaron en esta noticia es que este "síndrome del emperador" que efectivamente existe, se observa en niños bastante creciditos o adolescentes.

Por supuesto es importante que la educación por parte de los padres sea eficaz, basada en el respeto, en el cariño, en la relación de iguales, en el diálogo. Porque trabajando esto se evitarán problemas futuros, no solo este en concreto. No se trata de "poner límites" como se ve escrito por ahí, como la noticia decía continuamente..... no se trata de vetar a los hijos, no se trata de encerrarles en un espacio y decirles "de aquí no puedes pasar". La educación basada en el respeto y el cariño es suficiente, el resto viene por sí solo.

Más parece que estamos intentando adiestrar soldados, cuando lo que estamos haciendo es educar (se supone que con amor) a nuestros hijos.

viernes, 14 de octubre de 2011

Del egocentrismo a la socialización pura y dura


Ayer tocaba en el colegio la primera reunión del curso 2011-12 con los profesores de Educación Infantil. Cada trimestre se realiza una donde nos reúnen a los padres de los tres cursos, y todos ellos nos cuentan el proyecto previsto, los objetivos que pretenden alcanzar, cómo nuestra implicación y colaboración es importante, el momento de desarrollo intelectual, emocional que atraviesan nuestros hijos. Son profesionales muy implicados y dedicados.

Después cada familia, si lo desea, puede tener su reunión particular con el tutor/a de su hijo, además de poder consultar con el resto de profesores (música, inglés, religión,.....).

La reunión fue muy amena, como siempre. Cada día estoy más contenta con el centro elegido. Me hace ver que la educación pública todavía tiene futuro y podemos salvarla.

Hoy me quiero centrar en un tema del que habló uno de los profesores, refiriéndose al desarrollo emocional e intelectual de nuestros hijos. Las diferencias entre los 3 y los 4 años.

Característica primordial de los 3 años: el egocentrismo. Esto no quiere decir que los niños no jueguen entre ellos, pero a esta edad se centran en su individualidad. Algunos niños aceptan mejor que otros el juego colaborativo, pero si prefieren jugar solos, o les cuesta más relacionarse, no es algo anormal. A medida que el primer curso de infantil avanza y se van acercando a los 4 años todo cambia, maduran, y se nota.

Característica fundamental a los 4 años: el descubrimiento de la vida social. A partir de cierto momento solo importa el juego con iguales, la pandilla, los juegos simbólicos, todos juntos. Aparecen los mejores amigos, las rivalidades, las novietas o novietes,...., la vida social impera sobre todo lo demás.

¿Y cómo se llega a esto?, simplemente esperando y dejando que nuestros hijos maduren. El tiempo nos va dando todo esto que comento.

Para muestra mi hijo. Hasta no hace mucho tiempo no ha sido un crío excesivamente sociable. De hecho, aún hoy no acepta jugar con cualquiera en cualquier sitio, es un poco exigente, esa es la verdad. No hace tanto tiempo bajábamos al parque y prefería jugar con su padre o conmigo, o con ambos, antes de irse con los demás niños. Pero de repente nos dimos cuenta que llegábamos a un parque, o algún sitio donde hubiera más niños y buscaba el juego, buscaba a sus iguales para poder jugar.

Con el inicio del curso todo esto se ha potenciado. El reencuentro con sus compañeros del alma, amigos ya inseparables, ha fomentado estas relaciones especiales. La pandilla, el sentirse miembro de un grupo.

Mientras el profesor hablaba yo iba visualizando a mi hijo, cómo ha ido creciendo y evolucionando. Cuando llegamos al colegio mami ya no existe, se va con los amigos a corretear y jugar hasta que suena el timbre. Cuando voy a recogerle, tras el primer abrazo y beso, busca a sus amigos con la vista para preguntar si irán al parque, y entonces todos se cogen de la mano y suben la calle juntos.

Es una cuestión de tiempo, el tránsito de los 3 a los 4 años trae muchos cambios a la vida de nuestros hijos: socialización, la individualidad dando paso al grupo, la necesidad del juego con iguales, un acercamiento a la independencia.

Y todo ello se hace de modo natural, no es necesario que los padres nos empeñemos o les forcemos. ¿Qué he hecho para que mi hijo llegue a este punto?. ¡Nada!. Ayer escuchando a este estupendo profesor, sus explicaciones, me daba cuenta de que todo esto que contaba lo había visto en mi hijo. Esta evolución había sucedido casi sin darme cuenta.

jueves, 13 de octubre de 2011

Música y aprendizaje cooperativo


Con el mes de octubre llegaron también las clases de música. Después de un largo verano donde dejé que el Peque descansase de cualquier actividad académica, empezamos de nuevo sus clases de flauta travesera.

Salvo cantar las canciones de clase, jugar con las notas, hacer bailes repasando la escala musical, escuchar piezas de música clásica (por puro placer para ambos), había tenido la flauta bastante olvidada.

Pero empezó el otoño y regresamos a nuestra rutina. Mismas clases, mismas profesoras así que el nene estaba deseando empezar. Tocar y hacer sonar el pífano no es nada fácil, requiere de una posición en los labios determinada, y en esto influye mucho la maduración de los músculos de la boca. Acabamos el curso en junio con ligeros soplidos, aunque con una posición algo forzada y costosa. En la primera clase, cual fue nuestra sorpresa, cuando muy afanoso cogió su flauta y la hizo sonar sin ningún esfuerzo. Ha crecido, ha madurado a muchos niveles, ¡y se nota!. Y claro, no hay mayor recompensa que verse capaz de hacer cosas nuevas, así que está encantado.

Seguimos con la misma dinámica, dos clases semanales, una individual y otra grupal. En ambas clases yo estoy con él, pues el método que sigue, Suzuki, implica mucho a los padres. Como sabéis yo tengo mi pífano y vamos los dos aprendiendo y tocando. Eso está reforzando mucho a mi hijo y le encanta que vayamos a clase con nuestras flautas ¡y juntos!.

La novedad este año es que se han incorporado en la clase grupal tres compañeros, y se ha ido uno que ya era muy mayor. En total son 6 niños. El curso pasado mi hijo era el más pequeño, al principio yo pensaba que no iba a servir de mucho esa clase, que él no sabía nada y no podría seguirles el ritmo. ¡Qué equivocada estaba!. Creo que casi aprendió más de sus compañeros que de su profesora, colaboración, ayuda de los demás, implicación, respeto, todo eso podía ver cada día en las clases. Si mi hijo ponía una nota equivocada, su compañero de al lado, con mucho cariño le ayudaba y explicaba. La profesora favorecía que entre ellos se prestasen ayuda y enseñasen. Se creó un ambiente de colaboración y aprendizaje fabuloso.

Yo era consciente de todo eso pero ha sido este año, indagando en temas de educación cuando he descubierto los beneficios de lo que se llama aprendizaje cooperativo. Mi sorpresa ha sido al iniciar las clases grupales, hay dos niños más pequeños que mi hijo, que contactan con el instrumento ahora, andan tan perdidos como mi pequeño el curso pasado. No les han dicho aún cómo deben coger el pífano, o poner los deditos en los agujeros, pero ellos miran atentos a los mayores, ¡y qué bien se apañan!. De repente un pequeñín no sabía colocar la flauta para hacer un juego y mi hijo, sin que nadie se lo pidiera, empezó a explicarle y a ayudarle. La cadena sigue su curso, los mayores le ayudan a él y él ayuda a los nuevos recién llegados. El aprendizaje cooperativo funciona. Se refuerzan unos a otros, su aprendizaje les sirve para ayudar a otros y sentirse recompensados. Todos son importantes, todos tienen un papel, todos son activos en esa clase. La profesora no tiene "el mando", aquí todos tienen un papel activo y participativo, todos tienen algo que aportar y algo que enseñar.

El resultado de este aprendizaje es fantástico pues los niños no lo ven como una clase aburrida, metódica, disciplinada. Para ellos es un juego, pasan un rato estupendo, llegan y salen felices. No se trata de memorizar notas, sonidos, movimientos, pentagramas llenos, se trata de jugar, cantar, tocar, enseñar a otros y aprender entre todos.

Este es el tipo de aprendizaje que se debería llevar a las aulas, estoy segura que el éxito estaría asegurado.

domingo, 9 de octubre de 2011

Champú para pieles sensibles: Sebamed y Eucerin

Hoy quiero hablaros de nuestra experiencia con el champú. Mi hijo no tenía la piel especialmente sensible así que nunca habíamos tenido especial cuidado con las marcas que hemos utilizado. Pero de un año a esta parte empezamos a notar que en un lado de la cabeza comenzada a tener en el cuero cabelludo pequeñas escamas, grasita y picor. Además por la zona donde las escamas aparecían el pelo se caía.

Lo consultamos con su pediatra pero no le dio importancia diciéndonos que sería restos de costra láctea. Nos recomendó masajearle la zona con un aceite hidratante (almendras, rosa mosqueta) para hidratarlo y evitar el picor.

El resultado del remedio casero fue bueno y durante unos meses mejoró y no volvió a aparecer. Pero este verano en la parte alta de la cabeza empezó a salirle también. Muchas escamas, mucha grasa y caída de pelo y por supuesto acompañado de picor. Esto ya era una dermatitis seborreica en toda regla.

La recomendación para estos casos es lavar el pelo a diario con un champú de glicerina o de ph especial, masajear la zona y aclarar abundantemente. El champú que usábamos no le iba bien, era evidente, pues tras el lavado las zonas afectadas no mejoraron así que busqué otras marcas.

He probado dos: Baby Sebamed champú suave y Eucerin piel sensible pH5 Champú. Tanto uno como otro le han ido muy bien y le han mejorado la zona. Eso sí, es imprescindible lavar el pelo a diario.



Pero el resultado del champú Eucerin ha sido mucho mejor. Con Sebamed a veces quedaban pequeños restos pero desde la primera lavada con Eucerin hemos notado una mejoría clara, ningún resto, pelo mucho más suave, cuero cabelludo de la zona afectada sin rastro de grasa o escamas.

Desde que utilizamos este champú no hemos vuelto a tener problemas, además tiene un olor muy suave, mucho mejor que Sebamed.

El envase de 200 ml. ronda los 6 €uros en farmacia.

Si vuestros hijos tienen problemas similares en el cuero cabelludo os recomiendo el champú Eucerin pH5 para pieles sensibles.

jueves, 6 de octubre de 2011

38


Estos son los años que hoy cumplo, 38 primaveras,...., o más bien otoños. Miro la cifra y no me lo creo, ¿qué mayor soy no?.

No me importa cumplir años, la edad para mi nunca supuso un problema, es más me encanta cumplirlos. A medida que me hago mayor me encuentro más tranquila, más calmada. Los últimos años me han dado una perspectiva distinta de la vida, de las cosas.

Puedo decir que me encuentro en un buen momento, estoy justo en el sitio que quiero estar, hago lo que sé que debo hacer y me siento a gusto conmigo misma. Para mi, es todo un lujo.

Hoy cumplo 38 años y estoy contenta. Papá sin complejos ha sido el primero, como siempre, en felicitarme. Después mi ángel, mi pequeño al despertarse. Me lo ha repetido durante el desayuno y me ha dado un super abrazo cuando ha entrado en el colegio.

Por cierto, el Peque ha pedido piñata, así que el sábado, que será cuando celebremos el acontecimiento, toca preparar piñata papá sin complejos. Y tendrá que ser una piñata apta para niños de 4 años y niñas de 14 meses :)